Las selecciones juveniles femeniles marcan el estándar del éxito mundialista
Por Fulana de Tal
Justo ahora que el calendario nos recuerda que estamos a un año exacto de que arranque el Mundial Femenil de la FIFA 2027, la conversación global sobre el impacto de las mujeres en el deporte vuelve a tomar una fuerza inmensa. Sin embargo, el entorno deportivo mexicano nos manda un mensaje muy claro: la jerarquía competitiva no es exclusiva del fútbol profesional ni de las ligas mayores. Las lecciones más grandes de disciplina y resultados las están dando las nuevas generaciones en distintas disciplinas, demostrando que el talento femenil en nuestro país es una garantía de éxito cuando se trabaja con constancia y seriedad.
Para entender este fenómeno, basta con mirar lo que está sucediendo esta misma semana con nuestras representantes juveniles. Por un lado, la Selección Nacional Femenil Sub-17 de básquetbol ya tiene todo listo para poner en alto el nombre de México. Del 11 al 19 de julio, este grupo de jugadoras se medirá contra la élite global en la Copa Mundial FIBA de la categoría en Brno, República Checa. Llegar a un escenario de esta magnitud en el baloncesto requiere un nivel de madurez y resiliencia que estas jóvenes han construido a base de talento puro y trabajo diario en la duela.
Ahora, lo que acaba de lograr la Selección Mexicana Femenil Sub-16 de handball merece un reconocimiento total. El conjunto tricolor se coronó campeón invicto del torneo de la Confederación Norteamericana y del Caribe (NACHC) celebrado en las instalaciones del Centro Deportivo Olímpico Mexicano. No solo ganaron el torneo, sino que mostraron un nivel impecable, superando a Puerto Rico en el partido definitivo con un contundente marcador de 40-15.
Gracias a actuaciones sobresalientes de jugadoras como las bajacalifornianas Leslie Paola Ayala Miranda y Paulina Berenice Plomozo Sánchez, el equipo amarró de forma oficial su boleto directo a la primera edición del Campeonato Mundial de la especialidad, que se disputará del 15 al 24 de octubre de 2026 en Agadir, Marruecos.
Tener a representativos nacionales femeniles consiguiendo boletos mundialistas y dominando en torneos clasificatorios no es ninguna casualidad. Es el reflejo de una generación de atletas que ya traen una mentalidad diferente, que salen a la cancha con la convicción de competir al máximo nivel y que asumen la responsabilidad de llevar a México a los primeros planos internacionales. Mientras en algunos sectores de la industria todavía se analiza cómo rentabilizar el deporte femenil juvenil, estas jugadoras están resolviendo los partidos con medallas al cuello y pases mundialistas en la mano.
Es indispensable que las federaciones, los medios y los patrocinadores transformen la forma en la que respaldan a nuestras categorías menores. Ya no basta con desearles éxito en redes sociales o celebrar el pase en una publicación; estos resultados exigen inversión real, coberturas dignas y proyectos deportivos a largo plazo. A un año de la gran fiesta internacional del fútbol femenil, el basquetbol y el handball nos demuestran que el futuro del deporte mexicano tiene nombre de mujer y ya está ganando torneos. A los directivos y a las marcas les toca estar a la altura de esta generación, asegurando que su desarrollo cuente con el presupuesto y el fogueo que verdaderamente merecen.
¡Abramos cancha!