La Sub-20 es el orgullo de nuestra liga femenil
Por Fulana de Tal
A diferencia de otras épocas, la Selección Nacional de México Sub 20 llega al Mundial de Polonia con futbolistas formadas en el profesionalismo. Tienen la experiencia necesaria para hacer historia y competir contra cualquiera.
Si hacemos un ejercicio de memoria y recordamos cómo era el panorama del futbol femenil en México hace apenas una década, la realidad para las jugadoras juveniles era bastante frustrante. Quienes tenían talento y querían trascender, casi siempre estaban obligadas a buscar una beca universitaria en Estados Unidos o conformarse con ligas amateur donde ellas mismas tenían que pagar sus uniformes, los viajes de su propia bolsa y los arbitrajes en canchas de tierra. Hoy, al ver la lista de la Selección Nacional de México que nos representará en el Mundial Sub-20 de Polonia, me da muchísimo orgullo confirmar que esa historia de carencias quedó atrás. Estamos frente a la primera generación que creció con una estructura cien por ciento profesional en nuestro país.
Estas chavas son, literalmente, las hijas de la Liga Femenil BBVA. A diferencia de las pioneras que abrieron piedra y tuvieron que luchar contra un sistema que no creía en ellas, las seleccionadas de esta categoría comenzaron su formación sabiendo que el futbol podía ser su profesión real. Llegar a una Copa del Mundo ya no significa enfrentarse por primera vez a un estadio con miles de personas, ni sentir el nerviosismo paralizante de tener cámaras de televisión grabándolas en vivo. Ellas viven esa presión mediática cada fin de semana en nuestro país, defendiendo las camisetas de los clubes más exigentes y populares de México.
Al revisar a detalle los nombres de las futbolistas que viajaron a Polonia, nos damos cuenta de que el concepto de "joven promesa" ya les queda bastante chico. Muchas de ellas no solo suman minutos para cumplir con un reglamento de menores, sino que son piezas fundamentales en los esquemas tácticos de sus entrenadores. Saben perfectamente lo que es cobrar un penal con las gradas llenas, defender un tiro de esquina en el último minuto o darle la vuelta a un marcador en un clásico. Tienen el roce diario de los entrenamientos de altísimo rendimiento, comparten vestidor con referentes de la Selección Mayor y se enfrentan constantemente a extranjeras que les exigen sacar su mejor versión. Todo ese fogueo profesional se nota inmediatamente en la madurez con la que tocan el balón.
Durante muchísimo tiempo, el gran dolor de cabeza en estos torneos internacionales era la enorme diferencia física y táctica que nos sacaban las potencias europeas o el equipo estadounidense. Nuestras jugadoras se cansaban rápido o perdían el orden defensivo porque no estaban acostumbradas a ese ritmo de competencia de élite. Hoy, la historia en la cancha es muy diferente. Una jugadora mexicana de diecinueve años llega al Mundial con muchísimos partidos de Primera División en las piernas, sabe cómo jugar liguillas a matar o morir y entiende a la perfección cómo manejar la frustración cuando el marcador está en contra.
El torneo en Polonia no es un experimento táctico ni unas vacaciones pagadas para ir a juntar anécdotas. Es el escenario ideal para que estas futbolistas recojan los frutos de todo lo que han sembrado desde que debutaron en la liga. Tienen el nivel para plantarle cara a cualquier rival, dominar el medio campo y demostrar que la enorme inversión que se ha hecho en el futbol femenil de nuestro país está dando resultados reales e inmediatos.
Es hora de que nosotros, como afición, nos conectemos en serio con esta Selección Sub-20. Estas jugadoras merecen que madruguemos para ver sus partidos, que gritemos sus goles en redes sociales y que las exijamos con el mismo rigor que a cualquier equipo profesional. A los directivos les toca darles un seguimiento real cuando termine el torneo, para que este talento no se pierda en el camino y logre consolidarse por completo en la Selección Mayor. Ellas ya nos demostraron que tienen el carácter y las ganas de cambiar la historia de nuestro deporte; ahora nos toca respaldarlas y no soltarlas nunca.
¡Abramos cancha!