Maternidad y fútbol: el golazo de Brasil que necesitamos replicar en México

Por Fulana de Tal

Cualquiera que viva o trabaje en la Ciudad de México sabe que el ritmo aquí no perdona. Entre el tráfico de Viaducto, los traslados en el Metro o el Metrobús, y las jornadas laborales que a veces parecen no tener fin, equilibrar la vida profesional con la personal es un deporte extremo. Ahora, pongámonos por un momento en los zapatos de las mujeres que literalmente viven del deporte. Imagínense que su oficina no es un corporativo en Reforma, sino una cancha de fútbol profesional, y que su rutina incluye viajes constantes, concentraciones y un desgaste físico brutal.

Históricamente, la industria deportiva y la sociedad en general nos ha mandado un mensaje clarísimo y bastante injusto, ser mamá debería significar ponerle pausa obligada a tu carrera, o de plano, colgar los tachones de forma definitiva. Afortunadamente, los tiempos están cambiando. El deporte femenil está derribando barreras todos los días y, en esta ocasión, nos acaba de llegar desde Sudamérica una lección de empatía, logística y sentido común que nos cae como anillo al dedo para reflexionar sobre nuestro propio fútbol.

Resulta que en Brasil, la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol) implementó una medida que, aunque suene muy lógica, es absolutamente histórica. Decidieron cubrir los gastos de viaje para que las jugadoras que se encuentran en período de lactancia puedan llevar con ellas a sus bebés durante las concentraciones. Pero no solo eso; la iniciativa también cubre el viaje de una persona encargada de cuidar al pequeño mientras la jugadora entrena o compite. El objetivo es cristalino y profundamente humano, que las futbolistas puedan seguir su carrera al máximo nivel sin tener que sacrificar o interrumpir su etapa de lactancia.

Para ponerle rostro a esta maravillosa iniciativa, tenemos que hablar de Ketlen Wiggers, quien es nada menos que la máxima goleadora histórica del Santos FC. Ella se convirtió en la primera jugadora en utilizar este beneficio, viajando a sus compromisos deportivos acompañada de su hijo Lucca, de apenas 8 meses de edad, y de su red de apoyo. Ver esas imágenes nos demuestra que conciliar ambas facetas no es un mito inalcanzable, sino una cuestión de voluntad institucional.

Aquí en la capital, somos unos apasionados absolutos del deporte femenil. Cada fin de semana vemos cómo las familias chilangas llenan las gradas de Ciudad Universitaria, La Noria o el Estadio Azteca (cuando no está en remodelación, claro) para apoyar a los equipos de la Liga MX Femenil. Nuestro fútbol femenil está creciendo a pasos agigantados, rompiendo récords de asistencia y de audiencia televisiva. Tenemos una liga vibrante, pero para que siga evolucionando, el crecimiento no solo debe reflejarse en los patrocinios o en la venta de boletos, sino en la calidad de vida que le ofrecemos a las protagonistas del espectáculo.

Adoptar medidas amigables, cercanas y constructivas como las de Brasil no tiene por qué ser visto como un gasto, sino como la inversión más justa que podemos hacer por el talento de nuestro país.

Es el momento perfecto para que directivos, clubes y federaciones en México tomen nota de este golazo brasileño y lo repliquen en nuestras canchas. Nuestras futbolistas ya nos han demostrado que tienen el talento, la garra y la disciplina para poner el nombre de sus equipos en alto. Ahora nos toca a nosotros como ecosistema deportivo asegurarles que la maternidad nunca más será vista como un obstáculo o un freno en sus carreras, sino como una etapa que puede ir de la mano con gritar un gol el domingo por la tarde. Queremos ver a más mamás rompiéndola en la cancha, con la tranquilidad de que sus bebés están cerca y bien cuidados.


¡Abramos cancha!

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