El oro femenil Sub-23 asegura nuestro futuro deportivo 

Por Fulana de Tal

La Selección Nacional de México Femenil Sub-23 demostró un carácter enorme al ganar el oro en los Juegos Centroamericanos. Empataron de último minuto y vencieron en penales, llenando de orgullo a todo nuestro país. 

No hay nada más emocionante para quienes amamos el fútbol que darnos cuenta de que México se acaba de colgar una medalla de oro. Y cuando ese triunfo viene acompañado de una historia de mucho esfuerzo, de no bajar los brazos y de pelear hasta el último segundo, el orgullo que sentimos es todavía más grande. Eso fue exactamente lo que nos regaló la Selección Nacional de México Femenil Sub-23 en la gran Final de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026. Vencer a Colombia en un partido de fútbol que nos dejó a todos sin uñas es la prueba más clara de que el talento de estas jugadoras no tiene límites y merece todos los reflectores.

Para quienes no tuvieron la oportunidad de seguir la transmisión en vivo, les cuento que fue un verdadero partidazo, muy cerrado y sumamente peleado en la zona del medio campo. El cero a cero se mantuvo durante todo el tiempo regular, demostrando el gran nivel defensivo de los dos equipos, pero obligando a las jugadoras a ir a los tiempos extras. Jugar futbol en estas instancias es brutal; las piernas ya no responden igual, el oxígeno falta y la presión de saber que un error te deja sin el campeonato es muy pesada. Justo en ese escenario de muchísima tensión, al minuto ciento dieciocho, la jugadora colombiana I. Guerra encontró un espacio y se fue al frente con un gol que parecía definitivo.

Cualquier persona que sepa de fútbol pensaría que, con solo dos minutos en el reloj, la historia ya estaba escrita y el partido terminado. Recibir un gol tan cerca del silbatazo final normalmente acaba con el ánimo de cualquier equipo. Es un golpe del que casi nadie logra reponerse. Pero nuestras mexicanas nos enseñaron que tienen una mentalidad muy diferente y que están hechas para cosas grandes. No se rindieron ni buscaron excusas. Acomodaron el balón rápido en el centro de la cancha y se fueron al frente con todo lo que les quedaba. Esa terquedad deportiva tuvo su premio en el minuto ciento veinte más tres, cuando A. Mendoza hizo gritar a la afición con un golazo que mandó todo a la definición por penales.

Ese gol de último minuto lo cambió absolutamente todo en el estadio. Llegar a la serie de penales después de haber empatado en el último suspiro te da una ventaja anímica gigante, y las mexicanas la aprovecharon a la perfección. Cobraron desde los once pasos con muchísima seguridad, con la cabeza muy fría, y terminaron ganando la tanda con un marcador de cuatro a dos. Ver las imágenes después del partido, con todas las jugadoras abrazadas, brincando de felicidad y presumiendo la medalla de oro, nos confirma que las cosas en el fútbol femenil de México se están haciendo bastante bien.

Esta medalla dorada no es producto de la suerte, es el premio al talento, a la disciplina diaria y a las ganas de sobresalir de un grupo de mujeres que está levantando la mano en la cancha. Gran parte de las jugadoras ya tienen minutos valiosos en los equipos de la Liga MX Femenil, lo que significa que el ritmo de competencia que viven cada semana les está dando las bases para no achicarse nunca en los torneos internacionales. Ellas son el semillero de nuestra Selección Nacional de México Femenil, las que el día de mañana nos van a representar en los Mundiales.

Es padrísimo aplaudirles y sentirnos orgullosos, pero es el momento de exigir que este gran talento no se quede en el olvido. A nuestras autoridades deportivas y a la Federación les toca garantizar que esta categoría tenga un seguimiento real de aquí en adelante. Necesitamos que las jugadoras tengan giras internacionales, campamentos y excelentes condiciones para entrenar. El oro ya lo ganaron en la cancha; ahora le toca a las instituciones estar a la altura de estas campeonas.


¡Abramos cancha!

Anterior
Anterior

La defensa de Cruz Azul Femenil deja claro que el machismo nunca será análisis deportivo

Siguiente
Siguiente

Maternidad y fútbol: el golazo de Brasil que necesitamos replicar en México