El América Femenil se medirá contra la élite mundial en la casa de Messi

Por Fulana de Tal

Quienes seguimos de cerca la Liga Femenil BBVA sabemos que ir a ver al América es garantía de espectáculo puro. Aquí en la capital ya nos acostumbramos a verlas pelear liguillas, dominar en la Ciudad de los Deportes o en las instalaciones de Coapa, y armar verdaderas fiestas en la tribuna casi cada fin de semana. Pero el reto que tienen en puerta es, por mucho, el más grande de su historia. Las Águilas ya preparan las maletas para viajar a Miami y disputar la fase final de la Copa de Campeonas Femenil avalada por la FIFA. Y el escenario no es cualquier cancha, el balón rodará en el estadio del Inter Miami, la mismísima casa de Lionel Messi, un inmueble que hoy tiene encima todos los reflectores de la prensa deportiva mundial.

No estamos hablando de una pretemporada amistosa para vender playeras del otro lado de la frontera o sacar la foto del recuerdo. Es un torneo oficial donde el talento mexicano se medirá, sin red de protección, contra la élite absoluta. Para dimensionar el tamaño del reto con números fríos, basta echarle un ojo al rival que encabeza el cartel: el FC Barcelona. No es solo el equipo de moda, es una aplanadora. Hablamos de la actual bicampeona de la Champions League, una institución que en su liga local promedia más de 130 goles a favor por temporada y encaja menos de diez. En su vestidor se sientan figuras como Aitana Bonmatí, una de las últimas ganadoras del Balón de Oro. Que una escuadra mexicana comparta un torneo contra un gigante de este calibre nos cambia la brújula por completo sobre lo que significa competir al máximo nivel.

Por supuesto, el América no llega con las manos vacías. Tienen un plantel ofensivo que fácilmente supera los cuarenta goles por torneo en México, con jugadoras desequilibrantes como Kiana Palacios o Sarah Luebbert que saben perfectamente lo que es cargar con la presión de un estadio lleno. Sin embargo, llegar a este punto en Miami representa la prueba de fuego que el futbol mexicano necesitaba con urgencia. Llevamos años aplaudiendo los récords de asistencia en nuestros estadios y presumiendo cómo han crecido nuestras nóminas, pero la única forma de saber en dónde estamos parados realmente es salir a ensuciarse los tachones contra las mejores del planeta. Jugar en el césped que Messi pisa cada quince días le otorga a las mexicanas una exposición mediática que no tiene precio, siendo la ventana perfecta para demostrar que nuestra liga ya tiene la madurez táctica para incomodar a Europa.

Ya es hora de que dejemos de ver estos roces internacionales como una simple anécdota de verano. Tener al América representando a México en un torneo oficial de la FIFA, codeándose de tú a tú con plantillas como la del Barcelona, tiene que sacudir por completo a las directivas de los demás clubes nacionales. El mensaje es claro, la competencia ya no se trata solo de ver quién levanta el trofeo local en mayo. La vara acaba de subir drásticamente. Ahora la responsabilidad de los dueños es inyectar capital en serio, apostar por tecnología de punta y buscar fogueo internacional para asegurar que estos viajes a la élite se vuelvan la regla de cada año y no una excepción pasajera.


¡Abramos cancha!

Anterior
Anterior

La polémica campaña de Sydney Sweeney nos recuerda el verdadero poder de las atletas

Siguiente
Siguiente

La nominación de Scarlett Camberos al Balón de Oro rompe el techo de cristal de nuestra liga