Scarlett Camberos y el América rompen barreras internacionales

Por Fulana de Tal

La histórica nominación de la capitana americanista y su equipo al Balón de Oro demuestra que nuestra liga ya es una realidad internacional. Es un triunfo gigante para el deporte femenil.

Siempre hemos crecido con la idea de que los grandes escenarios del futbol mundial están reservados casi de manera exclusiva para las potencias europeas. Cuando pensamos en galardones de la magnitud del Balón de Oro, la mente viaja de inmediato a los clubes de enorme tradición en España, Inglaterra, Alemania o Francia. Para nuestro país, la costumbre histórica era mirar esa gala por televisión, aplaudir a la distancia y asumir que la Liga Femenil BBVA todavía estaba a décadas de poder sentarse en esa misma mesa. Sin embargo, la historia nos acaba de regalar una sorpresa maravillosa que nos obliga a cambiar nuestra perspectiva por completo y a darnos cuenta de lo mucho que hemos avanzado.

La nominación de Scarlett Camberos como una de las mejores futbolistas del mundo no es un simple reconocimiento estadístico para llenar una cuota. Para entender la profundidad de lo que esto significa, tenemos que ir mucho más allá de los goles, las asistencias y los títulos conseguidos esta temporada. Scarlett es una mujer que, hace no mucho tiempo, se vio obligada a dejar su país, su equipo y su entorno por una situación inaceptable de acoso y falta de garantías de seguridad. Tuvo que marcharse para proteger su tranquilidad mental. El simple hecho de encontrar la fuerza para regresar a México, ponerse el gafete de capitana y liderar a su club hacia el éxito, habla de una resiliencia emocional verdaderamente admirable.

Su presencia en esa lista nos demuestra que el talento en nuestro país es innegable, pero también nos recuerda la importancia vital de arropar a la persona que está debajo de la camiseta. Esta nominación es el triunfo de la capacidad humana para sobreponerse a la adversidad. Es la confirmación de que, cuando una jugadora encuentra un entorno que la respeta, la cuida y le permite desarrollar su profesión con libertad, su potencial no tiene absolutamente ningún límite. Hoy, su nombre aparece impreso junto al de las máximas figuras del planeta, y ese es un mensaje de inspiración pura para cualquier niña que pisa una cancha de tierra soñando con llegar a la primera división.

A la par de este logro individual tan emotivo, la presencia del Club América como el único equipo no europeo nominado en su categoría es un suceso que debe marcar un antes y un después para la industria deportiva nacional. Por mucho tiempo, algunos sectores han tratado de minimizar a nuestra liga femenil, catalogándola como un torneo que apenas está en desarrollo o como un esfuerzo que solo genera dolores de cabeza financieros. Esta nominación internacional destroza por completo esa narrativa. Nos comprueba que tomarse las cosas en serio, invertir en instalaciones de primer nivel, proteger al plantel y apostar por la excelencia rinde frutos que logran cruzar las fronteras de manera contundente.

El escudo americanista hoy comparte reflectores con instituciones como el Barcelona, el Lyon o el Chelsea, y eso no es producto de la casualidad ni de un golpe de suerte. Es la consecuencia natural de tratar a las futbolistas con el respeto y el profesionalismo que su trabajo de alto rendimiento requiere. Este reconocimiento internacional no solo eleva el prestigio del club que recibe la nominación, sino que le levanta la cara a todo el futbol femenil de México, obligando a los demás equipos a subir su nivel de exigencia si no quieren quedarse rezagados en el olvido.

Es momento de que el resto de las instituciones de nuestro país tomen nota de lo que acaba de suceder. Invertir de manera seria en el futbol femenil, cuidar la seguridad integral de las jugadoras y brindarles herramientas de primer mundo no es una labor de caridad, es el camino directo hacia el prestigio internacional. Scarlett Camberos y el América nos acaban de demostrar que desde México se puede llegar a la gala más importante del deporte global. Ahora es responsabilidad de todos los dueños y directivos asegurar que este nivel de excelencia se convierta en la regla y no en la excepción.


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