Cruz Azul cambia de técnico otra vez. ¿Por qué no Lupita Worbis?

Por Fulana de Tal

En el fútbol mexicano estamos tan acostumbrados a los cambios de entrenador que ya casi ni nos sorprenden. Una mala racha, una decisión polémica o una directiva que pierde la paciencia, y el banquillo vuelve a quedar vacío. Pero lo que acaba de suceder en Cruz Azul Femenil merece especial atención, porque detrás de una camiseta del América hay una conversación mucho más importante sobre quiénes reciben las oportunidades para dirigir nuestros equipos.

La salida de Raúl “Potro” Gutiérrez llegó después de que apareciera vistiendo los colores del América durante los festejos de su 110 aniversario. En un fútbol donde las rivalidades se viven con tanta pasión, era evidente que la imagen iba a generar ruido. Días después, el club anunció que ambas partes terminaban su relación de común acuerdo. Y así, una vez más, La Máquina se quedó sin entrenador en pleno torneo.

Pero aquí viene lo verdaderamente interesante. Para resolver la emergencia, Cruz Azul recurrió a Joaquín Moreno como técnico interino. Un hombre con experiencia y una larga historia dentro de la institución. Hasta ahí, todo parece una decisión lógica. El detalle es que había otra alternativa que conocía perfectamente al equipo y que ya había ocupado ese mismo puesto: Guadalupe “Lupita” Worbis.

¿Se nos olvidó que Lupita ya dirigió a Cruz Azul este mismo torneo?

Después de la salida de Israel del Real, Worbis asumió la responsabilidad del primer equipo. Conoce a las jugadoras, entiende la dinámica del vestidor y forma parte de la estructura deportiva. Sin embargo, cuando volvió a abrirse la oportunidad, el club tomó otro camino.

Y aquí es donde tenemos que dejar de aplaudir los discursos sobre igualdad y empezar a revisar las decisiones.

Llevamos años celebrando que el fútbol femenil crece, que las jugadoras tienen mejores contratos y que los clubes comienzan a tomarse en serio sus inversiones. Pero ¿qué pasa con las mujeres que quieren dirigir? ¿De verdad estamos construyendo oportunidades para ellas o simplemente les estamos dando un lugar en el cuerpo técnico sin una ruta clara para llegar al banquillo principal?

Que quede clarísimo: nadie está pidiendo que Lupita Worbis sea nombrada entrenadora por el simple hecho de ser mujer. El puesto debe ganarse con preparación, capacidad y resultados. Exactamente con los mismos criterios que deberían aplicarse a cualquier candidato. Lo que sí podemos exigir es claridad sobre esas decisiones y oportunidades reales para quienes ya han asumido esa responsabilidad.

Porque si cada vez que surge una vacante la solución es buscar una nueva alternativa sin explicar qué ocurrió con las opciones que ya existen dentro del club, vale la pena preguntarnos qué tan en serio nos estamos tomando el desarrollo de las entrenadoras.

Y tampoco podemos ignorar la otra cara de esta historia. Cruz Azul necesita estabilidad. Cambiar constantemente de dirección técnica no es una estrategia deportiva, es una manera de administrar urgencias. Las jugadoras necesitan continuidad, una idea de juego y un proyecto que no se reinicie cada vez que aparece una polémica.

El caso de Lupita Worbis va mucho más allá de quién dirige el próximo partido. Nos obliga a cuestionar cómo se construye el liderazgo dentro del fútbol femenil mexicano. Porque de poco sirve presumir una liga cada vez más profesional si las oportunidades para dirigirla no avanzan al mismo ritmo.


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