Montse Tomé y la memoria rota del Pachuca

Por Fulana de Tal

La contratación de la estratega española por parte de las Tuzas abre un debate muy profundo sobre la congruencia, la empatía y la importancia de proteger los espacios seguros del futbol.

Vivimos en un momento donde el futbol femenil mexicano ha crecido a pasos agigantados y ya no se puede analizar nada más por los fichajes extranjeros o los esquemas tácticos de fin de semana. Hoy, los equipos representan comunidades enteras y, sobre todo, espacios de inspiración donde miles de niñas y mujeres buscan sentirse respaldadas. Por eso, el anuncio oficial de que Montse Tomé asume el banquillo de las Tuzas del Pachuca ha generado mucho eco y análisis en la afición. Más que señalar directamente o juzgar las intenciones operativas de un solo club, esta situación nos pone sobre la mesa un debate muy necesario sobre cómo equilibrar el deseo legítimo de competir por campeonatos con la responsabilidad de proteger el entorno seguro que se ha ido construyendo a nivel nacional durante los últimos años.

Para entender de dónde viene la inquietud de la opinión pública, tenemos que salirnos un poco de la cancha y recordar la crisis institucional que sacudió al futbol español a mediados de dos mil veintitrés. Durante esos días complicados, cuando Luis Rubiales estaba siendo señalado en todo el mundo, la afición y las jugadoras esperaban un apoyo total y sin matices por parte de todos los líderes del proyecto. Sin embargo, en plena asamblea general de la federación, Tomé decidió aplaudirle a Rubiales en un par de ocasiones, una imagen que generó mucha confusión a nivel internacional. Semanas después, cuando le tocó asumir el mando de la selección mayor y la prensa le preguntó directamente por esos aplausos, su explicación dejó bastantes dudas, perdiendo una oportunidad valiosísima de mandar un mensaje claro de solidaridad en uno de los momentos más tensos de la historia reciente.

Esa sensación de incertidumbre creció de manera importante cuando, en su primera convocatoria oficial, decidió dejar fuera a Jenni Hermoso argumentando públicamente que quería "protegerla". La respuesta de la delantera le dio la vuelta al mundo con una pregunta que todavía resuena con fuerza: "¿Protegerme de qué?". Más allá de las intenciones tácticas o personales de la estratega, ese movimiento se percibió como una decisión que terminaba aislando a alguien que estaba aguantando la presión mediática en solitario. En lugar de generar una percepción de cobijo total en el vestidor, la situación mandó un mensaje que muchas aficionadas consideraron desafortunado, justo en tiempos donde la unión y la claridad son piezas fundamentales para el avance del deporte femenil.

Y justo ahí está el punto sensible y emocional de esta historia. Para Jenni Hermoso, Pachuca no era solo la institución que la respaldaba profesionalmente; fue su gran refugio y su lugar seguro mientras los medios de todo el mundo hablaban de ella. La directiva, el cuerpo técnico y la afición se unieron para cuidarla, creando una red de apoyo ejemplar que nos dio muchísimo orgullo a nivel país. Por eso, la coincidencia de traer a la misma entrenadora de aquel episodio nos invita a reflexionar sobre cómo cuidar mejor estos espacios ganados. No es ninguna casualidad que la propia Jenni haya reaccionado al anuncio oficial de Pachuca con una frase bastante directa en sus redes sociales: "Que el viento os proteja". Esa respuesta nos confirma que el tema sigue muy fresco en la memoria colectiva y requiere tacto.

Como industria y como medios, tenemos que ser más atentos a lo que rodea el futbol femenil en el día a día. Traer a una entrenadora europea con experiencia de primer nivel en selección siempre será un movimiento muy atractivo en la pizarra, pero hoy también debemos cuidar más los avances que tanto han costado conseguir en nuestra liga. Hemos peleado muchísimo para que las canchas sean lugares seguros y de muchísimo respeto para las atletas profesionales. La gran lección que nos deja todo esto es la necesidad urgente de ser más cautelosos con el mensaje que podemos mandar al exterior. Los proyectos deportivos se vuelven verdaderamente históricos cuando logran la armonía perfecta entre buscar la excelencia deportiva y mantener intactos sus valores.


¡Abramos cancha!

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